Lo que ha restado, te acurrucas y te metes bajo cobijas de miedos, bien pensé que entre más grandes fueran mis miedos más colores tenían los sueños.
¿De donde se sacan las ganas de llorar? Yo quizás era de esas personas que no merecían las miradas bonitas, que perdía quizás creyendo en el arte o quizás ganaba lo apacible.
Ya venía siendo necesario exigirle al universo, acurrucarme, que me devuelva mi cabello, que me devuelva la pintura regada en el tapete.
Un sincero e interminable Adiós.
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