Siempre he creído que ese libro le pertenece más a él que a mi, que si de mis manos hubiesen salido tan hermosas palabras tendría una gran dedicatoria. Pero, al no ser yo la autora de la coincidencia que todos llamamos padre y algunos amábamos más que nuestra propia vida. Pensaba que arrancar las páginas y entregárselas ese era acto, para mi profundo, en el que en el libro de mi vida, si algún día quisiera prestarlo, notaran que había algo fuerte que me complementaba y que no debía estar con otro más que con él.
Sé quien (medianamente) soy, por su paciencia y su risa. Hemos compartido años, amado colores, tomado del mismo pitillo, abrigado con los mismos poros.
Así que mi descaro, sinceridad y certeza con la vida, sólo pide muchos años más. Y como una niña, que se abraza a su pecho y pide consuelo, porque entiende que la muerte hace parte de la vida, ilusa, pide una sola cosa, esta eternidad.
Feliz Día, gran hombre.
No hay comentarios:
Publicar un comentario