El día 4 se suma a días que no existieron, a tiempo que nunca se saco. El tiempo pasa, entendemos que somos más masoquistas de lo pensado, pero daba igual.
Al ver todo de lejos se lograba ver una ventana de marco cobalto, con un vidrio quebrantado, lo suficientemente dañado, para darnos cuenta que la vista plena ya se había tornado de colores imposibles.
Hay días en que no sé, si debemos aprender a cambiar vidrios o es que simplemente, hay ventanas de mundos que se dañan y nada más el hecho de cambiar el vidrio causa tal dolor, que es preferible dejarlo perder.
No tengo ganas de ser valiente.
Día 4: empaca las pinturas cobalto.
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