Si se me desprende la pupila probablemente, no sea por el trayecto de viajes en transportes urbanos hechos marea en su interior, será más bien por la marea que no se explican los escritores, o sencillamente porque nunca entenderé a los personajes ezquizofrenicos, sin parecido, sin obviedad, un poco fascinantes pero, tanto complejos y fastidiosos a veces para mi gusto.
A tantos como a mi que no les gusta verse a los espejos, pero por gracia o la palabra empezando con des, se llenan de laberintos en personalidades obsoletas. El punto es, no se necesita metáfora, menos cuando se quiere publicar o por lo menos hacerse un tanto millonario a punta de lo romántico, lo extraño y melancólico del arte. La única libertad que nos da la metáfora es quizás el buen acto de no tener que justificar, el mismo que produce hablar de ser encantador o aburrido a lo Oscar Wilde. Pero, eso quizás es lo bueno del ''arte'' poder vivir un poco a la sin-razón, mas parece difícil para quien quiere ser pupilo de Castel.
Mis párrafos parecen más ezquisofrenicos de lo que empece hablando, quería recomponerme la espalda antes de dormir melancólica, pero he sido tanta marea, que soy ya mar sin viento, que deja que un barco le pase por el vientre, añorando que se quede para siempre, porque es la verdad, si no es de sangre, que pueda llamarle hermano a lo más cercano. No me quiero romper el corazón, no sin él. Un hombre no debía llenarse con el nombre esperanza, pero si tiene la gracia de llevar apellido y por lo menos coincidir, en que sus huellas dactilares están por la misma casa en la que te criaste, merece que se quede como cielo.
Darle un beso y quererlo por la calma, buenas noches, pasajero familiar, medio hermanado.
Todo va a cambiar, siempre lo hará, mas de todas las piezas que se rompen, la reconstrucción de esta volverá a girar.
Ya guardamos todo, ya hicimos maletas, calentarnos en medias y hablar en otros idiomas, darle un beso a mamá es lo único que importa y lo que nos alberga esta noche.
(Niñita de medias rojas)